Esperanza en la Oscuridad
“Tal vez, dije yo, las tinieblas me podrán ocultar: mas la noche se convertirá en claridad para descubrirme en medio de mis placeres. Porque las tinieblas no son obscuras para ti, y la noche es clara como el día: obscuridad y claridad son para ti una misma cosa.”Salmo 138:11-12 · Torres Amat, 1836
Reflexión
Hay momentos en la vida en que nos sentimos envueltos por una oscuridad tan profunda que parece imposible encontrar la luz. La tristeza, la pérdida, el miedo o la enfermedad pueden crear una sensación de aislamiento y desesperación. En esos túneles oscuros, nuestra visión se nubla, y es fácil creer que estamos solos, abandonados. Pero el salmista nos recuerda una verdad poderosa: para Dios, la oscuridad no existe de la misma manera en que la percibimos. Para Dios, la noche es tan clara como el día. Esto significa que Él no solo ve nuestra oscuridad, sino que está plenamente presente en ella. No hay lugar al que podamos ir donde Su luz no pueda penetrar, ni abismo tan profundo donde Su amor no nos alcance.
Para vivirlo hoy
Busca un momento de tranquilidad y cierra los ojos. Concéntrate en tu respiración. Visualiza cualquier oscuridad o tristeza que sientas. Ahora, imagina una luz suave y cálida que emana de ti, de tu propio ser, una luz que representa la presencia inmutable de Dios contigo. Siente cómo esta luz te envuelve, te consuela y disipa cualquier sensación de soledad. Quédate en esa sensación de paz por unos minutos.
Oración final
Dios de la luz, en esta oscuridad que a veces me envuelve, recuerdo que Tú estás presente. Gracias porque no hay lugar donde yo pueda ir donde Tu amor no me alcance. Sé mi luz y mi consuelo. Dame esperanza para ver más allá de las sombras y sentir Tu presencia en cada momento. Amén.
Para tus notas del alma
Escribe tres razones concretas por las que tienes esperanza, incluso en medio de tus circunstancias actuales.
Citas de la Sagrada Biblia de Félix Torres Amat, segunda edición revisada por el autor (Madrid, 1832–1835) y su reimpresión de París, Salvá é Hijo, 1836. Texto en dominio público, con ortografía y puntuación actualizadas sin alterar sus palabras.